La corrección procesal y la corrección tradicional

La corrección procesal y la corrección tradicional

La corrección puede ser una actividad más productiva si partimos desde la concepción de que la escritura es un proceso. Esto quiere decir que, hasta llegar al resultado que deseamos -nuestro texto final-, hay que revisar ideas, borradores, apuntes y conceptos; hacer esquemas y escuchar audios que hemos grabado para poder tener claro qué es lo que queremos decir, qué es lo que queremos comunicar y cómo podemos hacerlo de la mejor manera.

La corrección procesal se basa en los siguientes aspectos:

1. Un mayor énfasis en el proceso, no en el producto final, por lo que se corrigen primero los borradores o se conversan primero las ideas, aquello que se quiere decir, en qué quiere hacer énfasis el escritor.

2. Interés por el escritor más que por el escrito. Obviamente ambos están siempre dentro de un diálogo constante, pero el corrector contribuye a que ambos se entiendan mejor y logren una mayor resolución comunicativa. Se trabaja con los hábitos del escritor, no con los errores del texto, como sí se hace en la corrección tradicional.

3. Énfasis en el contenido y en la forma. Primero ayuda a construir el significado del texto y después su expresión lingüística.

4. El corrector colabora con el escritor, no lo juzga.

5. El corrector, desde la normativa, se acomoda al escritor, ayuda a escribir su texto mediante la detección de grietas que puedan hacer que el escrito pueda tener «lagunas» o «agujeros negros».

6. Tiene una norma flexible -cada escritor tiene un estilo personal de composición- frente a una norma rígida para todos los alumnos y para todos los textos.

7. La corrección se ve como revisión y mejora de textos, y no como reparación de los defectos.


Así que no teman a los correctores de textos, estamos para ayudarlos, y no para decirles que lo que hicieron está mal.

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¡Hasta la próxima!



© 2019 por Lourdes Cruz Winter